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jueves, 6 de abril de 2017

Anayet y vértice del Anayet en esquís

Cara sureste del pico Anayet

Emblemático pico del pirineo oscense que, aún sin llegar a los tres mil metros  de referencia, su ascensión es siempre atractiva. No hay más que ver la espectacular forma de monolito gigante que adopta su vertiente septentrional.
Aspecto invernal de la noreste del Anayet, con el Vértice asomando detrás a la izquierda

Está delimitado por dos grandes barrancos; La canal Roya al norte, y la canal de Izás al sur. Tanto en invierno como en la época estival, no presenta un trazado cómodo del todo para alcanzar su cumbre. Su ruta normal discurre por los ibones de Anayet y posteriormente a través de su cara este.

Como punto de partida utilizamos el aparcamiento de "Sarrios" (Anayet) en la estación invernal de Formigal. Desde allí, la opción más directa consistiría en avanzar por el barranco de Culibillas, dirección suroeste, hacia el pico de mismo nombre. Este barranco puede llegar a ser propenso a avalanchas después de nevadas recientes, teniendo entonces la opción de ganar metros por la Glera de Anayet y evitar así la "garganta" en la subida. Esta segunda alternativa es la que elegimos.
 Foto aérea de la ruta









Comenzamos a foquear hacia el norte por las pista de esquí. En pocos metros se gira oeste y se van ganando metros cómodamente.





Sin llegar al final del remonte de "Garmet" nos desviamos a la izquierda hacia los llanos que forman la Glera de Anayet. Es muy evidente, y seguro que nace aquí alguna huella de paso.
En la Glera nos encontramos con la cabaña de mismo nombre, reconvertida en restaurante.
Vamos dejando a la derecha el collado que da acceso a la punta Espelunciecha por el norte y pasamos bajo su cara sur.
Se abren detrás de nosotros vistas que van del Balaitus a los Infiernos

Al poco nos dejamos caer con focas hasta la cabecera del barranco de Cubilillas, teniendo que remontar luego unos metros que nos dejarán en los llanos de Anayet.


Grupo de esquiadores en los últimos metros del barranco

Con nuestro objetivo ya a la vista, pasamos por los Ibones y por la mallata de Anayet, tapados ahora por la nieve.
Remontamos con los esquís hasta el mismo collado (cuello de Anayet) y los dejamos aquí para hacer el último tramo de la ascensión a pie.



Desde el collado, continuamos a media ladera hacia el pico en dirección norte y subiremos a nuestra derecha unos metros para adentrarnos en la cara este de la montaña.

Vadeamos por la faja de nieve colgada hacia el este, pegándonos al muro de roca. Llegamos así a la famosa cadena o sirga del Anayet. De no estar la cadena este sería el paso más comprometido de la vía, no permitiendo error alguno. Sin ser difícil, es una zona expuesta.
Lo trasponemos y seguimos a media ladera treinta o cuarenta metros hasta entrar en una canal que, a mano izquierda, desemboca en la cima. 

Progresando por la cara este del Anayet, con el grupo del Aspe al fondo

Abajo, en la canal. Bajo la misma se descuelga la vertical cara este.

Aspecto del mismo pasaje hacia arriba.
Salimos de la misma dando vista a la Canal Roya, con la cumbre unos pocos metros a la derecha. Cima del Anayet, 2574 metros. 





Miramos desde arriba el Vértice del Anayet, muy concurrido hoy y al que nos acercaremos ahora.

El descenso lo hacemos por el mismo sitio hasta el cuello de Anayet. Tenemos que bajar la canal de acceso a cumbre y desandar el tramo de la cadena.

Ascensión complementaria al Anayet por su cercanía y por compartir el mismo collado de acceso. Desde aquí se alcanza la cumbre sin dificultad.

Vértice de Anayet 2555 metros, con el Anayet y el Midi d´Ossau al fondo de la imagen.
Unas fotos y nos calzamos las tablas para esquiar por sencillas palas con buena nieve.

Atravesamos los ibones y nos dejamos caer por la garganta que forma el barranco de Culibillas, para llegar rápidamente al aparcamiento de la estación de esquí.



En resumen es una bonita ascensión y sobre todo rápida. Perfecta como actividad de media jornada si andamos por la zona o para el día que tengamos que viajar de vuelta a casa, sobre todo los que vivimos tan lejos de estas montañas.

Rafa Caballero y Jose Tascón.






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